La hueá es que estoy cansado.
Simular que uno es de fierro todos los días a cualquiera lo deja tirado en algún momento. No poder enfermarse, no poder decir "estoy mal, me siento mal, estoy cansado", porque el triste adagio de "siempre hay alguien peor" es pan de cada día en mi propia casa. Estoy cansado de no poder hacer nada, de no saber nada, de hacer las cosas a medias porque mi vieja está enferma de qué pico sé yo de eso. Ser la cara sonriente, siempre, de esta casa de pesadumbres cada vez más grandes, gordas y pesadas. Esa es la hueá. Estoy aburrido.
Hacerme escapar de eso, un poco, unas horas, es tu gran bendición.
El resto, silencio.
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