miércoles, 24 de agosto de 2011

Escribo tan tarde

Porque nadie en su sano juicio puede intentar dormir después de levantarse media hora después de intentar dormir -por primera vez-, si se levantó a correr buscando Viadil, cinco gotas miserables que quedan en el frasco, que no alcanzan ni a ser placebo, ni una amabilidad para el dolor grande, el dolor grande, el dolor grande. No son horas de andar calentando agua para hacer un guatero con una botella de Sprite, dos litros, y una polera del Salesiano. No son horas de buscar frazadas, de buscar chalecos, de devolver todas las noches de cuando uno estuvo enfermo, de todas esas hueás.
Después de dos meses ya, no son horas para nada.

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