lunes, 10 de diciembre de 2012

1.-

A veces pensaba que el cielo podía caerse. Solía concebir al mundo como lo hacían los hombres antes de hacerse a la mar, sólo así alguien podía pensar que el cielo podría, algún día, caerse. Primero las nubes, como gotas, como aire, como nieve, como fuera. Luego el firmamento más azul, en pequeños espejos, verdades, sólo verdades que se ven con la luz del día. Después caería lentamente la noche, hilos negros, uno tras otro, llenando la tierra de la otra verdad, esa que nunca se sabe, saetas nocturnas de certidumbres antiguas. Pero ese cielo era infinito. Por eso pensaba que sólo de noche conocería lo que era cierto y lo que no.

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