domingo, 1 de julio de 2012

Lluvia

Cuando llueve en mi ventana hay dos goteras, una a cada lado, que dejan pasar el agua como si estuviera abierta. Mi pieza se mueve con el viento, cruje, se mueve.
Cuando llueve el cerro se ve nítido, terriblemente claro, pero sólo el cerro. Los bosques se funden con la lluvia, sólo hay un verde grisáceo que se pierde en la lejanía.
Cuando llueve mi pasaje se convierte en un canal. Yo vivo al final del pasaje, la inclinación imperceptible del cemento hace que fuera de mi casa haya una poza enorme, siempre.
Aquí no hay luz, hay un árbol en el suelo. No sé porqué escribo esto, sólo por el afán de recordar que, cuando llueve de verdad, mi barrio vuelve a su realidad, suburbana, dolorosa.
La lluvia nos delata. No hay maquillaje para la cara ni cerámica para las casas. Sólo hay rostros y lluvia hablando en el zinc. Gritando.
26.05.12

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