miércoles, 4 de julio de 2012

El proceso.

La pena llueve en mi casa. La vergüenza, la rabia, la impotencia son palabras que cada vez tienen un significado más definido, declarado y terriblemente real. Hoy mi mamá se puso a llorar. Mi hermana lo hizo ayer y el hombre más hombre también. Yo no lo he hecho, tal vez estoy demasiado estresado, tal vez aún no le tomo el peso a lo que pasó. Puede ser que ni siquiera lo crea mucho. Pero sé que, muy en el fondo, igual tengo pena y que la semana de la cultura o el mes del mar o el año del leopardo sólo son excusas para no pensar en ello, para taparlo con cosas que hacer y con partidos de fútbol y cocacolas en botellas de vidrio porque son las mejores, de seguro.
Afuera igual está lloviendo y eso en cierto sentido es bueno. Porque por lo menos puedo pensar en gotas y no en el derecho, que se está haciendo cada vez más real en mi vida y me está aterrando un poco, casi tanto como los balones de gas y los globos.
Mañana tengo muchas cosas que hacer, me duelen los pies y hace frío. Quiero muchos abrazos, o aplausos en su defecto. En realidad no, sólo quiero abrazos. Porque, muy en fondo, igual la huea me duele.
No me pregunte qué es, por favor.

2 comentarios:

  1. Es re triste sentir pena cuando llueve.
    Un abrazo.
    Quiero seguirte pero por esas extrañas modalidades de Blog, no puedo.
    Saludos.

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