La pena llueve en mi casa. La vergüenza, la rabia, la impotencia son palabras que cada vez tienen un significado más definido, declarado y terriblemente real. Hoy mi mamá se puso a llorar. Mi hermana lo hizo ayer y el hombre más hombre también. Yo no lo he hecho, tal vez estoy demasiado estresado, tal vez aún no le tomo el peso a lo que pasó. Puede ser que ni siquiera lo crea mucho. Pero sé que, muy en el fondo, igual tengo pena y que la semana de la cultura o el mes del mar o el año del leopardo sólo son excusas para no pensar en ello, para taparlo con cosas que hacer y con partidos de fútbol y cocacolas en botellas de vidrio porque son las mejores, de seguro.
Afuera igual está lloviendo y eso en cierto sentido es bueno. Porque por lo menos puedo pensar en gotas y no en el derecho, que se está haciendo cada vez más real en mi vida y me está aterrando un poco, casi tanto como los balones de gas y los globos.
Mañana tengo muchas cosas que hacer, me duelen los pies y hace frío. Quiero muchos abrazos, o aplausos en su defecto. En realidad no, sólo quiero abrazos. Porque, muy en fondo, igual la huea me duele.
No me pregunte qué es, por favor.
te quiero caleta
ResponderEliminarEs re triste sentir pena cuando llueve.
ResponderEliminarUn abrazo.
Quiero seguirte pero por esas extrañas modalidades de Blog, no puedo.
Saludos.