viernes, 9 de febrero de 2018

Los viernes de Ilich

Como tengo que comer proteínas, en el supermercado encontré carne picada de pavo a un precio muy razonable, así que la cociné con orégano y ajo para almorzar algo decente mañana. Llamé a mi madre, lavé la loza, limpié los tarros de basura, doblé mi ropa y eché a lavar más para terminar con ese canasto infernal.
Luego hice lo de siempre: me armé un tabaco, una taza de té y salí a la escalera sin el celular. Es un momento muy placentero, dejo mis pies colgando al frío para que dejen de doler de una buena vez y me fumo el tabaco lentamente, aspiro aire fresco y tabaco, té para el sabor, ordeno mis pensamientos, sigo fumando. Escucho Lou Reed, bien bajito, miro los autos, la gente que sale a carretear. De a poquito se consume, me relajo, pienso en cosas tristes o alegres, se me ocurren ideas.
Pensé que tenía que ir al sicólogo, pero ahora creo que no lo necesito. Estoy bien, aunque ni yo lo crea mucho. Estoy tranquilo, ya no es tan terrible estar conmigo desde que hice las paces con mi corazón. Al final, ya está, quieres harto, odias poco, vives bien. Para qué hacer escándalo.
Y luego escribo. Tengo que escribir ese libro luego.

1 comentario:

  1. Me contenta mucho que te sientas así :) me gusta que los que amo sean felices, venga de donde venga esa felicidad
    Ven a comer humitas y sandía 💜

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Lo leeré, déle, escriba