A veces pienso que podría morir. No es esto una nota suicida, ni mucho menos. Jamás podría matarme, por mis claras convicciones cristianas y mi infinito desprecio a tal medida, perdónenme quienes la aceptan como salida válida (y quienes lo hacen, mi respeto).
Pero sí, pienso que podría morir de algo, lo que sea. Tan inútil es mi existencia, sí, mucha gente me extrañará, seis o siete personas me echarán de verdad de menos, pero sigue siendo inútil. Palabra que siempre me ha molestado, quizás pueden decirme gordo, maldito infeliz, fascista conchatumadre, pero inútil es mucho. Entonces, los días en que me siento inútil, podría morir perfectamente.
Por ejemplo, hoy hice un perfecto arroz graneado, lavé ropa, barrí la casa, ordené mi cama y mi ropa limpia, hice funcionar un juego, descargué el apunte.
Cuando llegaron mis papás y no soporté quedarme ahí (suena como adolescente, pero la incomodidad es verdadera) subí y terminé de hacer todo lo que no me importaba hacer y me quedé sin hacer nada que rellenara el tiempo, de brazos cruzados ante esta otra situación incómoda que aparece cada vez más a menudo y ante la frustración del plan del departamento y sentado frente al celular silente me di cuenta de que podría morir y no habría un cambio en el mundo, nada ya sería importante, nada me estresaría hasta dejarme el abdomen como lo tengo, como un puto tambor todo el tiempo, como si anduviera con la regla pero probablemente es mierda o gas, o lo que sea y me estresa que esté así por estar estresado y eso me estresa, que esté así.
Creo que estoy un poco deprimido.
Estoy llorando mucho y las gotitas me queman ese rasguñón que me hice debajo del ojo después de cortarme las uñas. Hoy le dije al Esteban que yo era un hombre detallista y por eso triunfaba. A veces me voy a creer toda la basura que digo. Hasta en lo que pienso que era bueno, ya no lo soy tanto parece.
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