No creo que eche de menos a mi mamá. En realidad pareciera que ya me había desapegado bastante, más de lo que pensaba. Además, vivir a cinco minutos hace todo más fácil. Pero sí me da pena que tenga pena, evidentemente, aunque no sé muy bien qué hacer para que no la tenga. O no tenga tanta.
Tampoco echo de menos a mi papá, eso se sabía, pero sí quiero verlo y que deje de odiarme.
Tampoco echo de menos a mi hermana, pero sé que ella sí, porque en el fondo es como mi mamá, claro.
Yo sé que todo esto es normal, que tengo ganas de ir a la casa luego para cumplir, para hacerme ver, pero también porque sí echo de menos a mi familia, que es distinto de echarlos de menos a ellos separadamente considerados. Los extraño positivamente sí, como cuando uno extraña el domingo de fútbol, el comerse unos completos, cosas buenas.
Estoy muy contento sí, no he tenido un día en que no me duerma totalmente cansado, pero así es la vida. No hemos hecho la inauguración, el juego de ajedrez sigue sin resolverse, pero no me interesa en verdad. Mañana hay que ir a comprar pan, menos mal que no había porque me habría comido el jurel del almuerzo. La Gabi debería hacerme más galletitas para guardarlas para días como este. Los sillones quedaron de lujo. Hay música afuera, pero siempre se puede dormir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Lo leeré, déle, escriba