Siempre he querido ser el rey de algo.
Cuando era chico mi juego favorito era el de construir ciudades. Tengo una caja con mis juguetes y casi todos son pequeñas casitas de fósforos, calles de dominós, árboles de otros juegos, puentes de pvc reciclado. Las armaba, las modificaba a mi antojo y las destruía, para volverlas a armar. A veces, toda mi píeza era una metrópoli de cajas de remedios mal pintadas. Y yo era el rey.
Luego, cuando mi patio estuvo más limpio, me puse más complejo, y creaba pequeños reinos, anárquicos y en guerras constantes, las ciudades eran pedazos de cerámica y las casas eran piedritas mínimas. Todos dependían de mi tutela poderosa, y de si mi mamá decidía ordenar el patio, claro. Una vez, uno de los reinos se hizo imperio, y para asegurar su dominio creó una complicada red de canales, que terminaba en un enorme río que daba hacia el pasaje de atrás. Fueron días de trabajo, pero cuando abrí la manguera y todo funcionó, era hermoso. Luego se volvieron locos y lo destruyeron todo. Quedó el río, que cuando se subió el de verdad, sirvió para que mi casa no se inundara. Todo desapareció cuando ya era muy grande para jugar con tierra.
Después creé un complejo sistema de ligas de un país inventado, en miles de cuadernos llenos de estadísticas antojadizas. Definía los partidos con un dado, aunque luego yo resolvía los resultados a mi conciencia. A veces revolvía todos los equipos y partía todo de nuevo. Fueron años jugando solo a ser el rey de un país futbolizado, donde inventaba equipos, geografías y escudos. Creo que fueron como cincuenta temporadas, o algo así. Una vez escribí unos seudocuentos, creo, de historias que ocurrían ahí. Los boté, no contaron con mi aprobación real.
El cargo de Cultura fue para mí algo parecido, poseía la libertad, algo más relativa, pero al final libertad, de hacer lo que se me ocurriera. Parece que anduvo bien mi reinado. Igual fue así cuando fui jefe de Coro, o presidente de curso, o cualquier cosa.
Ahora el vicio de ser rey solitario lo reparto entre el Football Manager, el Hattrick, el Ogame. Es lo mismo, armo, desarmo, destruyo, construyo, renuncio, vuelvo. Soy el rey. Si me entregaran un cargo, o algo, lo ejercería de la misma manera siempre.
Quién sabe qué tendrá que ver eso con mi forma de ser. Quizás nunca es tan fácil ser monarca de verdad, de nada.
Pero si hay algo seguro, es que siempre tendré el vicio de ser rey de algo. Aunque nadie me haga caso, en realidad.
eres el rey de mi corazón
ResponderEliminarmilly.