Había olvidado, por unos momentos, qué hacía en ese lugar. Por dos o tres segundos le pareció que estaba en algún mundo irreal, a millares de kilómetros de casa. Estaba sentado en un macetero gigante, lleno con pequeñas flores algo olvidadas por el tiempo y el agua, pero nunca por el frío. El asiento temblaba ligeramente con el paso de los vehículos, y podía adivinarse a través de los átomos y las moléculas en vibración discontinua, hasta los pensamientos de cada conductor. No podían ser tan distintos de los suyos. A esa hora de la mañana y con ese frío, bien poco se puede pensar.
Pero la falta de sueño hace su trabajo bien, está lleno de ideas pero son todas vagas, recuerdos, conversaciones, comentarios que mueren antes de ser revelados. Ojalá tuviera plata para comprar una libreta, quizás entre esos pensamientos aparecería la respuesta. Ojalá supiera bien qué pregunta quiere responder.
Hace frío y el banco aún no abre, pero hay gente que entra por una puerta que forma parte de otra puerta, pero hay que tocar el timbre para entrar.
No sé porqué me parece tan carente de sentido la existencia de un timbre en la puerta falsa de un banco.
Quiero volver a dormir y despertar cuando sea mi cumpleaños. Aunque sea mi cumpleaños.
muere pium pium
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