No sé dónde estás.
En mi mente, no creo. Ahí sólo hay un mar de sin-saberes y sin-sabores. Ahí no conviene estar, con la obsesión, con el drama, con la laberíntica manera de pensar y pensar y perder.
Yo pienso que estás en mi piel. Sólo así me explico que te encuentre en todos lados, con tus versos y tus cantos, sin un rastro definido, como el viento, como los dientes de león voladores con promesas y cartas desde muy lejano o desde el cielo.
Yo pienso eso, que estás donde estoy, porque si hay algo seguro es que me piensas.
Y cuando ambos nos pensamos, estamos ahí.
Donde estamos. Sea donde sea. Eso es todo.
Esperando el cielo, aunque sea una vez más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Lo leeré, déle, escriba