Se sabe que mi peor defecto (y quizás mi mejor virtud, dependiendo) es ser descuidado, descomplicado, desestresado, a lo menos exteriormente. Me resulta muy difícil ser problemático, estresarme demasiado, lo que sirve para estudiar, pero sólo para sacarse un cuatro, claro.
Relajado, tranquilo, calmado para hacer las cosas bien, demasiado descuidado para hacer todo lo suficientemente bien.
A veces no pienso, sólo actúo en consecuencia de las circunstancias, olvidando que ya no estoy solo, ya tengo de quién preocuparme, a quien cuidar por dentro y por fuera. Demasiado afectuoso, demasiado expansivo, sociable, hasta jote, si se quiere.
Pero tú y yo sabemos que no lo hago con mala intención. Es fácil decirlo, suena repetido y vacío, hueco como una promesa rota. Pero de verdad, es cierto. Soy descuidado, desubicado, irrespetuoso, todo lo que se quiera. Mas, jamás te haría daño.
¿Cómo querer hacerte daño, si eres lo mejor que hay en mi vida?
Es posible equivocarse, pasar de largo cosas, pero jamás lo haría de corazón. Tú lo sabes muy bien, sólo recuérdalo.
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