Llegó el verano. Estoy más redondo que nunca, me sofoco como señora pos-menopáusica, me duele la espalda modo Osteoartrit y no tengo ropa. Me duele la cabeza, todo me hace mal y ni la más furibunda sal de fruta me quita la acidez.
Pero nada me echa a perder el placer matutino de mirar por la ventana de la micro la 'avenida' Camilo Henríquez con sus árboles a todo verde, sus veredas polvorientas y sus casas de otro tiempo y otro lugar. Let Down, The Smiths o Morrissey en los oídos son la perfección absoluta. Da lo mismo todo el párrafo anterior. El viaje me alegra el día.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Lo leeré, déle, escriba