viernes, 24 de diciembre de 2010

Navidá

No puedo odiarla.
Porque en mi casa apenas se "vive" como la vive el shileno medio. Pasado ya el tiempo de niños que a pesar de que nunca fueron excesivamente materialistas ansiaban un regalo, ya no hay nada de eso. Tampoco es un boom del consumismo familiar donde llenaremos la mesa de comida y champaña y show. Y también el sujeto original de la fiesta es más importante que el gordo impostor.
Hubo un momento en que aprendimos la lección.
Más vale comer legumbres y en paz, que buey engordado en casa de contiendas.
Una noche para acordarse de Jesús. Su iglesia se corrompió y ensució. Pero el tipo era bacán.

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