jueves, 9 de diciembre de 2010

Jurgol

Nadie lee esto, así que me descargaré.
Fue fantástico todo, hasta el quinto penal. Había una mínima ilusión, de que todo, las 14 horas de viaje (y las otras tantas de vuelta) valdrían la pena. El hambre, el calor, el sueño, la sed. Todo por ver, por una vez, al Conce campeón.
Pero no, Berríos, jugador profesional, no puede hacer un gol que yo haría, sin dudarlo, era demasiado fácil. Almendra y Salazar, que siguen siendo ídolos, arrogantemente patearon sus penales, y los erraron. Ricard, vitupereado, tal vez fue uno de los más decentes. Llanos, quédate en el Conce, por lo menos tú corres.
Ese penal jamás lo olvidaré. Medio estadio quedó mudo. Los viejos hinchas, con camisetas olvidadas de tan antiguas, lloraban en la calle. Y yo los puteaba de lo lindo. Porque da rabia. Da rabia. El saber que pudimos ganar, que era posible, que Iquique estaba encerrado, que ni siquiera podían hacer tiempo.
Y seguimos esperando. Ganar algo. Con nombre y título. Que no sea una clasificación por repechaje, por diferencia de goles, una donde grite campeón.
En Coquimbo ya no fue.

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