Miro el enorme edificio y ya me da lata.
Es una lata. Afuera ya es una lata.
Entro al antiguo hospital, algo sombrío, y en evidente desorden. Letreros por todos lados indican que está en reparaciones, que disculpemos las molestias... Sentado observo a la gente que pasa, toda o enyesada o con muletas o algo que le duele. A mí no me duele nada, por lo tanto creo que se demorará un poco más.
A la media hora estoy sentado en otro lugar, también lleno de gente. Espero que me llamen. Adelante, a diez centímetros de mis pies hay una camilla con una anciana señora acostada a ras de suelo... pasa una hora.
Me llaman al box seis junto con otras personas. No entiendo mucho pero voy al box seis. ¡No! Otro montón de gente...Empiezo a pensar que esto está superando el umbral de la lata. En la puerta de otro box del largo pasillo, hay una joven. Me produce más lata aún. ¿Cómo espera la gente que no las discriminen, si se visten así? Una polera ajustada, demasiado para ella, deja ve parte de un rollo incipiente, que cuelga sobre un cinturon rosado fosforescente, inútil sobre los jeans también muy ajustados...qué horrible.
Desvío la mirada de eso y encuentro otra joven, que de hecho está sentada donde yo estoy. Le pregunto con la mirada acaso va al mismo box. Un gesto de cansancio y dice que sí. Le pregunto porqué y apunta a su rodilla, puede ser desde una fractura a un tumor, quién sabe. Me pregutno a mí y le digo que no sé. Se ríe. La verdad no sé porqué estoy aquí...Me llaman. La oficina es otro mundo dentro del hospital, qué hermoso.
A la salida me despido con la mirada. Ella igual, mientras entra al box. Nunca más la veré. Bueno, por lo menos ya terminó la lata.
hay hay ilich..... me pasa exactamente lo mismo cuando voy al hospital, con la unica diferencia que yo si se a que es lo que voy ( constantes lesiones ) o simplemente alguna urgencia xD cuidate nos vemos el lunes, ya que, vuelvo a clases adios
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