lunes, 2 de noviembre de 2015

La amistad según

El asunto de la amistad es de momentos.
Hay momentos que pueden durar toda la vida (aunque técnicamente dejan de serlo, aunque prácticamente yo creo que no) y otros que duran un rato, mientras se coincide en el temporal y efímero gusto por un grupo de música o determinada combinación de salsas en los completos.
De hecho, pienso que no hay nada más cambiante que el común denominador de una amistad cualquiera, es cosa de que nuestro querido Morrissey decida empezar a rapear y a mí ya no me gusta y a tí sí y obvio, un paso más lejos, cómo te puede gustar esa mierda.
¿Qué pasa si el común denominador es la forma de ser del amigo? ¿Qué pasa si la P de repente se convierte en la N? Lo mismo: a tí te gustas tú, a mí ya no me gustas tú, qué onda, cállate y deja de hablar así.
"Las personas no son desechables": claramente, no estamos hablando de vasos de cumpleaños. Pero sí son cambiantes, cambiables, intercambiables. Miembros de un equipo que jugó bien, daba buenos pases, metía goles y la gente se volvía loca. Pero de repente, tú empiezas a tirar rabonas y yo me quedo esperando el clásico centro rasante, o yo despejo a los costados y tú, pero cómo, si siempre salíamos jugando.
No por eso dejamos de ser cercanos, recordables, saludables. A lo mejor, nos encontramos en otro club, en otro concierto, en otro momento.

A no ser que decidas ser una mierda, claro.

1 comentario:

  1. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

    ResponderEliminar

Lo leeré, déle, escriba