miércoles, 29 de julio de 2015

La solución a mis manifiestos problemas de inseguridad (me carga ese término usado en personas, pero es el adecuado, creo) ha sido, en este último tiempo, preguntarme antes de tomar decisiones qué es lo que haría el hombre medio empírico. Ese hombre seguro, capaz, dueño de sí mismo y que desea lo mejor para sí y los demás.
Me ha ido bien. Es cierto. Pienso, me pregunto y luego actúo en consecuencia. Casi siempre sale bien.
Pero a veces, muy escasas veces, valdría la pena mencionar los miedos, hacer berrinches, llamar la atención, pedir consuelo, contarle a otros, pedir ayuda.
A veces no sé qué hacer.

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