sábado, 1 de septiembre de 2012

Veridis Quo

Cuando era humanista, me cambié para ser técnico. Cuando (no) fui técnico, me cambié a estudiar Derecho. Cuando (no) he sido abogado, no sé qué pensar. Nunca he tenido las cosas muy claras en mi vida, suelo ser indeciso, muy lento para tomar decisiones y más aún para concretarlas. A veces pueden pasar años, y ése es el meollo del asunto.
Estoy llegando a un punto en el que el retorno se hace demasiado complicado. Y la motivación escasea, escasea demasiado si se quiere seguir. La porfía pierde su fuerza, la voluntad se quiebra y sólo queda la desidia de apoyarse en la baranda y pensar lo duro que debe ser la caída desde el tercer piso. De a poco se fue el Caalex, me quedé sin gimnasio, sin cultura(rs), y me quedé sólo con lo imprescindible. Quiero a mi polola, quiero seguir siendo pololo de ella. Quiero a mis amigos, quiero seguir siendo amigo de ellos. Pero a mi carrera, no sé.
Todo está dicho sobre ella, es un antro de individualismo, de egolatría elevada a su máxima expresión, de suciedad en su más abyecto significado. Una selva maldita, que atrapa con su neblina de discusiones doctrinarias y sus definiciones de memoria y toda su mierda.
Me siento atrapado, perdido y más solo que nunca dentro de mi cabeza maravillosamente poblada de voces que hablan y gritan que estoy atrapado y perdido en toda la mierda de Alessandri Somarriva y el razzmatazz y la peor hueá de toda esta basura es que aún no sé para que sirvo. Pero cada vez menos para el derecho. Sólo quiero dormir y no despertar hasta la siguiente hora para dormir de nuevo. Sólo quiero ocuparme de algo condenadamente estúpido pero que me haga sentir vivo. Y no sé ni siquiera qué podría ser. No sé casi nada, a estas alturas. Sólo sé que necesito un algo para seguir aquí.

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