viernes, 27 de abril de 2012

No fui a Comercial

Miércoles, en mi libreta.
Tengo una pesadez en los ojos, hay quienes atribuyen tal síntoma al frío de los abriles grises de este siglo. Hacía frío en la mañana, como de junio, o agosto, o el mes del carnaval maya. También había niebla, envolvente, transfigurante como una manta blanca sobre los ríos y la fuente de las aguas. Eso lo creo un poco más.
Hace frío y estoy tomando agua, por una acendrada costumbre que data de hace un mes. El doctor no puede decir que no le hice caso. Allá arriba los comerciantes discuten sus numerales infames y un tema que nunca llegaré a comprender a cabalidad.
No soy un hombre comprensivo. Ni muy hombre ni muy comprensivo. Comprensivo de comprender comprensivamente. El auxiliar pasó y me dio los buenos días. Le sonreí. La gente habla de fútbol y de esa chana. "Es una chana". Les sonrío. Pasó un abogado profesor y me dio los buenos días. Le sonrío. Estoy terminando de escribir esto, fuera del edificio patrimonial con ciertas influencias romanas en sus columnas y sonrío. En Comercial seguro están sonriendo. Vine a escribir esto aquí porque en Derecho no hay lugar para irse a llorar.

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