sábado, 21 de enero de 2012

Mi casa y mi vieja

Tengo una relación complicada con mi casa. Sucede que desde hace un tiempo, un poco más, un poco menos a veces, me siento incómodo viviendo en mi casa. Dan lo mismo las razones a veces, sólo estoy incómodo. Hay algo que me impide sonreír mucho, hay una molestia en mi cabeza siempre y cada vez más hay un algo que me dice que no debería estar aquí.
Mi familia me cae bien, mi hermana es bacán aunque ya no la veo nunca.
Mi viejo me cae mejor a medida que voy envejeciéndome parece. Entiendo más sus rabias (antes, mañas), sus molestias (antes, reclamos comunes) y su soledad.
Mi vieja es un párrafo aparte, que trataré al final.
La cosa es que cuando voy por la calle 1 y doblo hacia el pasaje 10, voy, como siempre, pensando en lo agradable que es llegar a casa. Pero cuando me acerco al 83, a veces, o generalmente, pienso en lo bueno que sería que las luces estuvieran apagadas y la tele apagada y la cocina apagada y que no haya once servida ni nada. Nadie. Pareciera que no soy de acá hace tiempo, hace quién sabe cuánto tiempo. Y eso no es lo mismo de antes. Es incómodo vivir a veces acá.

Tengo un problema con mi vieja. Es invisible, es difuso y como acolchado, pero está ahí desde que nací y cada día se va poniendo más visible, definible y duro. No es que no la quiera, pero conocer tus derechos te impulsa a defenderlos. Y mi vida bajo ella ha estado en un permanente estado de excepción constitucional, además de la libertad de conciencia basureada y la educación del siempre sí que ahora lamento. Lamento profundamente. Profundamente ser débil de mente, de voluntad, de siempre haber tenido que decir sí, lo que es muchísimo más fácil siempre. Y en eso tuvo mucho que ver ella.

1 comentario:

  1. La diferencia entre tu yo es que yo de un defecto me hice libre. Pero es porque soy peor persona desde la cuna que tu

    ResponderEliminar

Lo leeré, déle, escriba