lunes, 27 de septiembre de 2010

Algo habrá hecho

Leyendo un blog de por ahí, caí en la espiral de recuerdos y de mi historia. Y me extenderé mucho.
Mi padre, como puntal de mi familia, puso toda su energía en hacer de su primogénito un hombre parecido a él, modelo bastante apropiado dicho sea de paso.
Paso a tercera persona.
Vivió motivándolo con eso del deporte, le compró pelotas de fútbol, buzos, camisetas, le hizo hincha de su equipo (gracias), lo metió a escuelas, y no sólo de fútbol (aunque sea un sueño dorado para muchos padres) sino de cuanto deporte había en las actividades extraprogramáticas. Todo esto definitivamente falló. Logró crear un joven sedentario al máximo, jugador mediocre de juegos de fútbol en el computador, entusiasta pero aún más mediocre jugador real de fútbol e hincha tranquilo del Conce, único logro tangible en este ámbito.
Otro intento fallido, fue el de la socialización. Era imposible, no había relación entre el padre campeón social y el hijo genéticamente negado para la facilidad de trato.
La exposición de modelos femeninos a seguir también fracasó. Mientras el padre exhibe un historial increíble, el hijo se destacó por el rechazo a la forma clásica y el apego a la más compleja, esa de intuición, sentimentalismo y basada menos en el físico que en la interioridad. El padre aceptó los gustos del hijo, con un "algo es algo" pero siempre con un dejo de frustración, que dicho sea de paso al hijo le da lo mismo.
El padre católico no practicante, más bien laico hubo de aceptar que su retoño se hiciera evangélico como su madre, y hasta ahora sólo lo acepta en parte.
Nunca, a pesar de las herramientas y su propio trabajo mecánico, logró darle habilidades técnicas o manuales. Luego reconocería su desdén por la idea del hijo en su mismo trabajo.
Sin embargo, el aspecto donde definitivamente triunfó, fue en el que menos impulso real dio, aunque silenciosamente aceptó dadas las condiciones del hijo. Lo llenó de libros de cuanto tema fuere, impulsó el gusto por la historia y la cultura general. Lo dejó tranquilo, aunque su dirección se notó siempre. Le inculcó el sentimiento político de izquierda firme, y los principios básicos de su vaga idea de "lo que es bueno para el país". En otro lado de esto, invirtió todo, todo lo que pudo tener, en la educación y comodidad de ésta. Años de años de esfuerzo sostenido para dejarlo en uno de los mejores colegios de la ciudad. Le dio la comodidad que nunca tuvo, la tranquilidad para el "usted estudie, yo hago el resto", lo motivó ya sea por las buenas o por las malas a ser derecho y a estudiar.
Así el hijo terminó en donde está ahora.
Vagamente (como siempre), el padre deja entrever su interior sobre ahora. "Yo ya terminé lo mío, le toca a usted".
Renunció finalmente a lo que quería, para lograr en su hijo lo que éste podía. El hombre no consiguió clonarse como era su idea original, pero por lo menos formó con todas sus fuerzas uno nuevo.
Trabajó de sol a sol por darle la estabilidad. A pesar de perder tiempo valioso y renunciar a la cercanía mágica de la paternidad, hizo de sí mismo un modelo lejano e ideal (en el sentido de idea), intentando enseñar con su práctica los valores básicos de él, la responsabilidad y perseverancia.
No le queda al hijo más que dedicarle unas líneas acá. El resto, todos los días, de aquí hasta el final.

1 comentario:

  1. Ilich, yo no exagero cuando digo que eres mi cable a tierra. No sé qué haría en la facultad sin ti.
    Te adoro, gracias por...todo.

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